Egipto

El país de los Faraones

EGIPTO (Parte 5) – Las pirámides y la Gran Esfinge

Al día siguiente nos levantamos temprano, para tomar el desayuno en un lujoso bufet, con unas ostentosas lámparas de cristal, y acudir a la excursión que nos llevaría a las pirámides. Nada más levantarnos volvimos a escuchar los rezos de las mezquitas y pudimos ver ya las instalaciones del hotel con luz. Lo primero que nos llamó la atención fue que debajo del cristal de la mesa de la habitación había una flecha indicando la dirección de la Meca, para los rezos. Salimos y vimos, tras volver por el jardín, que desde el propio recinto del hotel se divisaban al fondo las puntas de las tres majestuosas pirámides. Había también una gran piscina en el centro de las instalaciones y con este calor estábamos deseando tener tiempo para probarla.

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Salimos del hotel y subimos en el autobús. Esta vez sería un trayecto corto, ya que se veía que estábamos cerca. Shayed de nuevo comenzó sus explicaciones sobre las pirámides. Dejo una foto del guía, que hasta ahora no lo había descrito. Era una persona con un sentido del humor algo forzado, hablaba un buen castellano con acento árabe y no parecía gustarle mucho su trabajo. Aunque en la fotografía no se aprecia tenía un pequeño morado en la frente que, tras deambular posteriormente por El Cairo y ver que mucha gente también lo tenía fui consciente de que era producto de los golpes con el suelo durante la oración. En este caso Shayed portaba un chaleco curiosamente de la CAM (entidad bancaria española) que supongo que habría heredado de algún turista.

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Unos minutos después arribamos a la entrada a las pirámides en la conocida como meseta de Guiza. El guía fue a comprar los tickets, los cuales incluían la entrada al recinto y la visita al interior de la pirámide de Keops. Son 3: Keops, Kefrén y Micerino. La pirámide de Keops es la mayor y está situada en el centro de la explanada. La segunda en dimensiones es la de Kefren. Se nos ofreció poder entrar a la pirámide grande, pero había que pagar un dinero extra y hacer una cola de varias horas, por lo que decidimos, a priori, no hacerlo.

Las pirámides de Egipto están consideradas como una de las 7 maravillas del mundo y fueron construidas alrededor del año 2.500 a.C. y su función era la de albergar el cuerpo del faraón tras su muerte. Allí era enterrado junto a comida y bebida abundante, así como joyas y elementos de gran valor, ya que se creía que el faraón resucitaría y pasaría allí un tiempo antes de convertirse definitivamente en una deidad. Podemos decir que son tumbas, tumbas colosales, las más enormes conocidas. Parece ser que se tardaba alrededor de 20 o 30 años en construirlas. El proceso era extremadamente complicado, debían transportar las piedras talladas desde las canteras de Aswan a través del Nilo en barcas, aprovechar las subidas del río y algún mecanismo de madera con rodamientos para situarlas en la meseta y a partir de aquí alzarlas utilizando unos andamios de madera que rodeaban en forma de espiral la estructura. Dicen que fue uno de los primeros sistemas de andamiaje de los que se tiene constancia (aunque existen muchas teorías sobre cómo exactamente se estructuró la construcción). Los obreros eran esclavos nubios del faraón y lo único que recibieron a cambio fue sustento alimentario, muchas veces escaso. Se dice que murieron miles y miles de personas en su construcción. Hay también mucha especulación sobre fenómenos asombrosos que rodean a estas construcciones. Se dice que debían tener un conocimiento extremo, no sólo de arquitectura, si no de matemáticas y astronomía para construirlas de forma tan precisa, pues era necesario saber realizar cálculos de estructuras, de geometría (implicando el número pi) y de la geometría de las constelaciones, porque el alineamiento de las pirámides coincidía con 3 estrellas fundamentales para la navegación. Sin duda el pueblo del imperio egipcio era un pueblo con un nivel de conocimientos avanzadísimo para su época, e incluso mucho más avanzado que el de culturas posteriores. Lo que si es observable es un pico que culmina la pirámide mayor, la de Kefrén, como una especie de cápsula superior. Esto es porque originalmente, el exterior de las pirámides estaba recubierto de mármol por completo, y sobre ese brillante mármol había tallados jeroglíficos de colores. Este detalle, debido a la erosión y el paso del tiempo se ha perdido, dejando paso a la piedra cruda, pero debió ser impresionante en su estética primigenia.

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De nuevo estábamos en un paraje único en el mundo, y nos invadía esa sensación de que recordaríamos aquello el resto de nuestras vidas. Una vez el guía terminó de hablar nos dejó libertad y nos dio varias horas para deambular por la zona, y acceder a la pirámide mediana. Lo primero que hicimos fue sacar algunas fotos del entorno. También existía la posibilidad de realizar un paseo en camello, pero no quisimos hacerlo pese a la contínua insistencia de los locales. También estábamos previo aviso de la multitud de estafas que ocurren con estos camellos, como por ejemplo, que te dicen un precio por llevarte a dar una vuelta, por ejemplo, de 3 euros; subes al camello y te llevan lejos, una vez allí te dicen que el precio de 3€ era hasta ese punto, que si quieres volver son 20€. Se las saben todas… 😉

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Nos acercamos a las pirámides para verlas lo más cerca posible… Su aspecto desde la corta distancia es bastante extraño. Desaliñados bloques de piedra custodiados por policías que, por razones de conservación no te permitían acercarte más de 4 o 5 metros a las milenarias rocas.

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Ahí arriba podéis ver al policía que custodiaba la pirámide de Keops. En la foto de abajo, ¿que véis? A Arturo y a mí tocando las piedras de la pirámide. Efectivamente, sobornamos al guarda. Pero en esta ocasión fue un soborno provocado. El mismo agente se puso al lado nuestro levantando el cordón que rodeaba la pirámide y haciéndonos gestos con la mano para que pasásemos seguido del «gesto de dinero». Por un solo euro nos dejó pasar y se alejó de la zona como si no fuese con él la cosa.

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Fuimos bordeando a pie la pirámide dirigiéndonos a la de Kefren con la intención de acceder a su interior. Dando un paseo, intentando que fuese algo relajado, cosa que conseguíamos siempre y cuando estuviésemos cobijados por alguna sombra. Ir acumulando calor continuamente nos dejaba algo aturdidos. Llegamos a la puerta de la pirámide a la que debíamos entrar, con el ticket en la mano… Al ir aproximándonos nuestras ganas por acceder a la misma iban disminuyendo, al observar la cantidad ingente de personas que se agolpaban en una absolutamente inimaginable minúscula entrada. Cristina, que tenía cierta claustrofobia, ya decidió de antemano que no iba a entrar. Finalmente yo sólo fui el que entró. Tras hacer la cola, llegué a la boca de entrada a la pirámide. Impresiona… No era posible tomar fotos en el interior, pero trataré de describirlo lo mejor posible y haré uso de imágenes encontradas en Internet. La siguiente imagen muestra como se ve la entrada desde arriba. Se trata de un pasaje hiper estrecho que se sumerge hacia dentro, con una gran inclinación hacia abajo. La apertura no es mayor a un metro y medio de alto por otro tanto de ancho, por lo cual hay que pasar agachado TODO EL TIEMPO, permaneciendo de cuclillas sin poder levantarte hasta alcanzar el interior. En esa imagen se ve el camino completamente despejado, pero en aquel momento estaba abarrotado.

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Según iba avanzando la cantidad de luz disponible era menor, las rodillas iban molestando más, el aire iba faltando, iba siendo poco a poco más denso… Y una sensación de angustia me iba invadiendo. Aquello parecía no tener final. Pensé que Cristina había hecho bien en no bajar. Miraba hacia abajo y sólo veía gente en aquella diminuta gruta. Miraba hacia arriba y lo mismo, más gente. Por este pasadizo sólo cabe una persona a la vez y es muy muy largo. Creo que es peligroso. Con este tremendo calor que hace que nos tiene a todos chorreando y con el poco oxígeno que hay aquí dentro, considero que si alguien se marea, se desmaya, o sufre un ataque de claustrofobia o pánico, está realmente jodido. No podría llegar fuera fácilmente, tendría que recorrer los interminables metros de subida, agachado y siempre y cuando no hubiese gente bajando. Este pensamiento hizo que un escalofrío me recorriera la espalda…. Necesitaba llegar ya.

Uno puede tener la idea de que el interior de una pirámide egipcia es laberíntico, grande, impresionante, con bóvedas magnas de faraónico tamaño. Nada más lejos de la realidad. En el siguiente dibujo se muestra un esquema del interior de la pirámide. El punto 1 es desde el que yo accedí. El punto 3 es la cámara funeraria a la que nos dejaban acceder tras descender la infernal cuesta.

piramides4 Por fin llegué abajo. Fue poner un pie en suelo llano, alzar por fin mi dolorida espalda y notar a cada bocanada de aire que no era suficiente. Había mucha gente allí. Mucha profundidad. Aquellas paredes de piedra desprendían un calor impresionante. El aire era denso. Era como estar en el mismísimo infierno. En una sauna en las profundidades del desierto. El sudor empezaba a manar de todos mis poros, metíendose en mis ojos. No aguantaría mucho tiempo más allí. El temor a desmayarme empezaba a aparecer. Di un par de pasos siguiendo a la gente -que se encontraba tan aturdida como yo- y entonces me di cuenta que no había mucho que ver allí, después de todo. Una estrecha habitación con un sarcófago de piedra. Me quedé ojiplático, como digo, me esperaba un interior muy amplio y simplemente había eso. En la siguiente imagen tenéis descubierto el misterio del interior de la pirámide de Kefrén. No hay más. Lo que si me llamó la atención fue el tamaño del sarcófago aquel y el grosor de sus paredes. ¿Cómo habrían metido eso ahí? No parecía caber por el pasadizo por el que nosotros habíamos entrado y no se veía ninguna otra entrada. Posteriormente descubrí que construían las pirámides alrededor de los sarcófagos. PiramideKeopsSarcofago

Salí de allí lo más rápido que pude subiendo aquella cuesta y justo al salir, agotado sin aire y empapado en mi propio sudor, noté una ráfaga de aire renovado y frío que me devolvió la vida. ¡Notaba el aire frío! Es posible que hiciese ese día cerca de 40 grados y yo notaba fresco en la brisa que corría. Salía de una maldita caldera. Me quede unos minutos mirando a la gente que salía de la pirámide, todos con la lengua fuera y cara de agobio. Sinceramente, aquel sitio era un peligro y ni siquiera había una ambulancia en la puerta por si acaso.

Busqué a Cristina y le comenté la experiencia. Le dije que había hecho muy bien en no haber entrado. Y durante unos minutos mantuve la sensación de frescor, hasta que mi cuerpo se volvió a regular y de nuevo volví a sentir el aplomo del calor egipcio. Tan agotador…

Aún quedaba una media hora hasta que tuviésemos que volver al autobús para salir camino a la esfinge, nuestra próxima visita. De modo que aprovechamos para alejarnos un poco de las pirámides y contemplarlas desde la lejanía, desde donde también podríamos tomar alguna foto con buena panorámica. Según caminábamos bajo el sol de justicia íbamos alejándonos de la mayoría de turistas e íbamos encontrándonos con más locales que seguían ofreciendo sus servicios de transporte en camello. Decidimos seguir a pie.

101_2724 llegamos a una explanada desde la que pudimos tomar la siguiente imagen. 101_2730

Ya de vuelta, volvimos a recorrer los metros que nos separaban del autobús, completamente achicharrados, nuestra piel ardía, jamás me he sentido más deshidratado que en esta visita a las pirámides. Por el camino nos quedamos sin agua, y los vendedores nos insistían constantemente para vendernos una botella. Nos resistimos a comprar, pese a que nos habría venido de maravilla, pero no teníamos ganas de ponernos a regatear, ni tampoco queríamos que nos estafasen de nuevo, sabíamos que podríamos conseguirla luego más barata, fuera de la zona turística de las pirámides.

Llegamos al autobús, el cual, una vez que estábamos todos salió rumbo a la esfinge. La zona de la esfinge y la de las pirámides están muy próximas, prácticamente al lado, como se ve en el esquema siguiente. No obstante, la zona de acceso es diferente, supongo que para rentabilizar doble las visitas. Como se puede apreciar también, están cerca del río, desde donde se descargaban las piedras para las construcciones, tal como ya se comentó anteriormente.

piramides1 Nada más bajar del autobús teníamos la Gran Esfinge frente a nosotros, impresiona. Y de fondo las pirámides. Tantas veces has visto en televisión y en libros todo esto que no crees estar aquí. Sayed nos dio, como siempre, unas explicaciones sobre el monumento antes de dejarnos adentrarnos en el mismo. 101_2770

Nos acercamos hasta la Esfinge para verla de cerca y hacer algunas fotos. Yo también quería comprobar algo que había leído. Dicen que en un lateral de la Esfinge hay una entrada que da acceso a un pasadizo que conduce al interior de las Pirámides. Hay mucho debate entorno a eso, pero sea como fuere, no pudimos comprobarlo, pues había unas obras en esa parte inferior y no pudimos bajar.

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Tras un rato merodeando por alrededor de la Esfinge, soportando el calor que ya iba pasando al nivel de «abrasador» según avanzaba el día, volvimos al autobús. Nuestra visita guiada de El Cairo había concluido, y el resto del tiempo

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EGIPTO (Parte 4) – El valle de los reyes

El quinto fue el día en el que concluyó nuestro crucero por el Nilo y llegamos a la ciudad de El Cairo.

Cogimos el autobús temprano, como de costumbre, y nos dirigimos hacia el valle de los reyes atravesando unos pueblos con vistas muy interesantes.

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Una vez allí Shayed nos compró la entrada al recinto y nos subimos en una especie de trenecitos que nos llevaban hasta el centro del valle. Se encontraba rodeado de altas montañas de aspecto totalmente desértico y estaba plagado de excavaciones con tumbas de faraones. El guía nos dijo que se cree que hay muchas más y que de hecho hacía poco se habían encontrado en los alrededores algunas nuevas.

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Visitamos varias de estas tumbas (creo que el ticket te daba acceso a 4 de ellas). Se sumerjían varios metros bajo el suelo y presentaban unas paredes repletas de jeroglíficos, esta vez adornados con colores muy vivos (al estar excavadas se han deteriorado menos y conservan el factor cromático, que de hecho estaba originalmente presente en la mayoría de geroglíficos pero el tiempo se encargó de decolorar). Algunos de los dibujos me sorprendieron por ser absolutamente infantiles: gusanos con antenitas y ojos, típicos de cualquier niño actual… Muchos de los iconos se repetían constantemente (pollos, gusanos…) e incluso vimos un solitario icono de un pene. Al fondo de las tumbas estaban los sarcófagos de piedra, enormes, como de 2 metros de alto por 4 de largo con un grosor de piedra gigantesco. Increible pensar como metieron aquello allí. Deben pesar toneladas. [La imagen del interior de la tumba es extraída de Internet ya que no pude realizarlas por mí mismo. Respecto a la primera de las de abajo, recuerdo que a los nativos les llamaba mucho la atención mi camiseta, por la expresión de la cara de la mujer].

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Vi un par de las tumbas que eran prácticamente iguales, el resto no las pude ver porque mientras me ataba un turbante a la frente para evitar el calor perdí el ticket. Además para ver la tumba de Tut Ankh Amun había que pagar aparte y el guía nos dijo que no merecía la pena, que no quedaba nada dentro. Mi novia en la tercera tumba a la que entró sufrió un mareo por el intenso calor que hacía dentro de ellas, eran como saunas, y decidió quedarse fuera y no entrar a la cuarta, por lo que me cedió su pase y pude yo entrar a verla. Después volvimos a la salida y nos quedamos esperando al resto del grupo bajo un calor que ahogaba, echándonos agua constantemente a la cabeza con un pulverizador que llevábamos, abanicándonos y ocultándonos en cualquier sombra que viésemos. Cuando el resto del grupo volvió Pitu y Arturo nos contaron que habían visto más tumbas que había en un lugar más apartado y a las que les había llevado una especie de arqueólogo belga que habían encontrado; y que eran muy interesantes (me molestó que el guía ni las hubiera mencionado pero a estas alturas ya te das cuenta que van a tiro fijo y no se molestan en ofrecer opciones muchas veces más atractivas para el viajero) y también nos dijeron que habían pagado por ver la de Tut Ankh Amun y que dentro sí que había cosas interesantes, ¡¡¡de hecho estaba la momia del propio Tut Ankh Amun allí!!!. El sarcófago y los tesoros no, pero sí la momia. ¡¡¡Vaya un guia que teniamos!!.

Volvimos al tren que nos llevaría a la salida del valle para coger el autobús y volver a la zona de Luxor, donde visitaríamos un templo más, el templo de Hatshepsut. Este templo no era excesivamente grande. Entramos y tuvo lugar una anécdota: Estaba Shayed soltándonos su rollo de siempre que prácticamente nadie escuchaba ya… cuando a mi novia se le cayó la botella de agua, y esta fue rodando un buen rato por el suelo del templo hasta pararse a los pies de una estatua… ¡¡¡resultó ser otra representación de la diosa leona Sekhmet!! Aquella con supuestos poderes que buscamos en el templo de Karnak sobornando a los guardias. Todo el mundo se calló de repente y el guia dijo: «Eso es que la diosa tiene sed». Mi novia recogió el agua y el guia le advirtió bromeando: «Harás enfadar a la diosa si le quitas la botella». Acto seguido continuó su explicación y mientras tanto nuestros espirituales amigos puertoriqueños se acercaron a la estatua y con una bota que tenian cargada de agua la rociaron para, supuestamente saciar su sed, demostrando una vez mas su alto indice de superstición.

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Salimos del templo de vuelta al autobús y vimos que estaban excavando varios obreros (sin casco ni indeumentaria de seguridad alguna) porque se habían descubierto más restos del templo en los alrededores. Te da la sensación de que en ese país excaven donde excaven encontrarán maravillas….

De vuelta al barco donde tomaríamos nuestra última comida a bordo, íbamos en el bus e hicimos una parada obligada al presentarse en nuestro camino los imponentes Colosos de Memnón. Dos estatuas de gigantescas dimensiones en las que se representaba al faraón Amenhotep II en la típica posición de paz que tanto habíamos visto. Lo que más impresionaba era el tamaño de estas estatuas, ya que su estado de conservación era precario, quizás por ello y por el cansancio acumulado hubo gente que se quedó en el autobús a contemplarlas desde la ventanilla. Yo sin embargo bajé, no quería insensibilizarme ante aquella construcción faraónica (nunca mejor dicho). Y aún impresiona más visto de muy cerca, cuando comparas tu tamaño con los dedos de la figura….

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Íbamos de camino al barco cuando Shayed nos avisó de que antes de volver a la nave íbamos a hacer una parada en una joyería por si alguien quería comprar alguna joya típica egipcia (colgantes de cartucho, bustos de nefertiti…) y no volvió a ocultar de nuevo que llevaba comisión en aquellas ventas. Esto empezó a cansar a algunos de los viajeros que, al llegar a la joyería decidieron quedarse fuera y tomar algo en un bar cercano. Yo quería ver un colgante que me había encargado mi madre y que con todo el ajetreo del viaje me había sido posible buscar aún. Entramos a la tienda y como es de recibo en cualquier negocio árabe mostraron su hospitalidad invitando a todo el mundo a té, aunque yo preferí probar una infusión llamada «agua de jamaica» (de color rojizo y sabor amargo) porque estaba algo cansado de tanto té. Finalmente tras un buen rato mirando ví un colgante similar al que mi madre quería, pregunté el precio y me dijeron 400 euros, un disparate… tras un rato negociando me lo dejaban en 340, imposible… era pagar más de lo que me habia costado todo el viaje a Egipto. Finalmente salí por la puerta y mientras me iba el dependiente me gritaba: ¡¡250!! pero decidí no hacerle caso, estábamos hablando de cifras que no podía pagar en ese momento.

Volvimos al autobús y de allí al barco. Una vez en el barco se nos debía servir la comida antes de partir y llegar finalmente a El Cairo, pero Pitu tuvo una idea, en su guía aparecía un restarutante en la zona en la que estábamos, que figuraba como imprescindible, y dijo que ella iría a comer allí y volvería después al barco. A Cristina y a mí nos pareció buena idea, siempre creímos que era mejor cuanto más nos saliésemos de la ruta programada del viaje. Al final acabamos convenciendo a todo el grupo y nos fuimos todos en busca del restaurante. cogimos varios taxis, uno para cada dos parejas, y después de negociar pacientemente el precio, nos pusimos en marcha hacia el lugar. Por el camino apreciamos la vida diaria de este pueblo, e incluso vimos a una niña pequeña de la mano de su madre vestida de flamenca. Si, no lo entiendo…

Por cierto, no he hablado aún de los taxis africanos. Suelen ser vehículos antiguos, sin cinturón de seguridad, por supuesto, en un estado de conservación algo precario, y sobre el salpicadero siempre un trapo de pelo. Esto último me inquietaba, no entendía el motivo, pero tras preguntarle a este conductor comprendí que era por las altísimas temperaturas, de no llevarlo todo el plástico se abombaría del calor y se deformaría. Y por supuesto siempre una copia del Corán encima. No ví coche que no la llevara.

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Llegamos al restaurante, estaba algo escondido. Los taxistas como de costumbre se ofrecieron a esperar en la puerta el tiempo de la comida y llevarnos de vuelta. Esta vez accedimos. Subimos unas escaleras hasta llegar a la zona superior del edificio, donde servían la comida. Era precioso. Muy bien decorado con su mobiliario de madera, ventiladores para paliar el calor y mucha decoración compuesta de alfombras, platos y cadenas que colgaban del techo. Hasta con un pequeño jardincito en su interior. Muy acogedor y auténtico.

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Nos sentamos y disfrutamos de una conversación que nos dió la oportunidad de conocernos más dentro del grupo, de saber en que trabajaba cada uno, en que ciudad vivía, etc… Cosa que aunque parezca mentira, pero con el ajetreo de las constantes visitas no había sido posible. Pedimos un variado de comidas típicas, para probarlas. Algunas de ellas estában excesivamente picantes para mi gusto, pero todo era delicioso. Para beber pedí una fanta de naranja, para variar un poco de tanta coca-cola y cerveza. He de decir que la fanta tenía un color más oscuro que en España, sabía diferente y tenía mucho menos gas, y por supuesto, no estaba muy fría, cosa que con el calor tan terrible era un inconveniente. Tardaron mucho en servir la comida, muchísimo. Y es que estábamos acostumbrados al barco, un lugar adaptado a la perfección para los occidentales, pero esto era más real, estábamos fuera de la burbuja turrística (al menos un poco más) y las cosas funcionan así en la realidad en estos lugares.

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Tras terminar la comida y una breve sobremesa volvimos al barco mediante los mismos taxis que nos trajeron a comer, donde nos esperaban para llevarnos a nuestro destino final, la capital egipcia, El Cairo, o Al-Qāhira en árabe ( القاهرة ) que significa «la victoriosa». Recogimos las habitaciones y preparamos las maletas para abandonar aquel barco que nos había acogido a través del Nilo durante 5 días ya (con la intensidad del viaje parecía que llevábamos semanas allí). Aprovecharé la ocasión para describir el barco. Su recibidor tenía el aspecto de una antigüa mansión de lujo, con ostentosas escaleras, jarrones dorados, una fuente en el centro y diversas estatuas de piedra. Era habitual que el servicio nos esperase a la entrada con unas bandejas plateadas repletas de paños mojados en agua, con la finalidad de que nos los aplicásemos en la cabeza para mitigar el tremendo calor. En la primera planta podíamos encontrar la discoteca en la que celebramos la fiesta de chilabas, así como una tienda en la que vendían prácticamente de todo -como se aprecia en las imágenes- y en la que compramos: la chilaba que usamos en la fiesta, la fotografía de grupo que te hacían en esa misma fiesta y que luego estaba allí dispoible en papel para su venta, y un peine; sí compré un peine ya que había olvidado el mío en España y el primer día entré a la tienda para ver si tenían uno. No tenían pero tras negociar el precio con el vendedor durante una larga media hora (por un importe cercano al euro) se comprometió a conseguirme uno (supongo que comprándolo en cualquiera de los pueblos por los que pasamos) y me lo vendió el segundo o tercer día de viaje.

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Llegamos a El Cairo ya de noche y allí nos atendió un nuevo guía para llevarnos al hotel. Su nombre era Ali, era joven, un estudiante universitario que ejercía de guía en verano para sacar un dinero. Nos subimos junto con nuestras maletas a un autobús y nos adentramos en la interesante y nocturna ciudad de El Cairo. Lo primero que nos llamó la atención fue el intensísimo tráfico. Era increíble. Una marea de automóviles por la que apenas se podía circular. Sin respeto alguno por la separación de carriles. Y con un contínuo y molesto sonar de cláxon. Pero al menos aquí en la capital ya sí que hacían uso de las luces en los vehículos. El nuevo guía nos comentó que él para llegar a la Universidad en invierno desde su casa tenía que salir 3 o 4 horas antes y a la vuelta tardaba lo mismo, por lo que diariamente pasaba una media de 7 horas en el coche. Bromeaba haciendo juegos de palabras del estilo El Cairo = El Caos, y no le faltaba razón, aquello era de locos. Tardamos varias horas en atravesar la inmensa marea metálica de las calles mientras nos hablaba de el espíritu comercial de esta ciudad: «aquí todo se vende y se compra», «este tráfico es una imagen de la actividad mercadera de la ciudad y está presente casi las 24 horas del día», etc… También, en cuanto a política, dijo que prefería no hablar, que el régimen de Mubarak no veía muy bien que se hablase de política a los turistas.

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Llegamos al hotel de madrugada. Se trataba del Mövenpick Cairo Pyramids. La recepción era muy amplia, psicodélica y lujosa, tenía un buen comedor y varias tiendas en su interior, entre ellas un par de bancos, y tras registrarnos con los pasaportes nos llevaron a las habitaciones. Había que pasar por un pasillo a la parte trasera y alli había unos jardines por los que andando tras el personal de servicio llegamos a la habitación que era como un pequeñito chalet con unas sillas en la puerta. El chaval que nos había acompañado se quedó un momento esperando y dedujimos que quería algo de dinero. La cosa quedó clara cuando extendió la mano… Le dimos algunas libras pero nos dijo que prefería euros, y finalmente creo que le dimos 50 céntimos o 1 euro. Entramos en la habitación, que estaba bastante bien, deshicimos las maletas y nos acostamos a descansar  tras otro agotador día. Mañana tocaba visita a las pirámides por la mañana. Un momento esperado por muchos.

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EGIPTO (Parte 3) – La Diosa Leona en Edfú

Al día siguiente, con más luz nos percatamos que la ciudad que habíamos recorrido la noche anterior no era otra que Edfú. Temprano por la mañana desayunamos en el barco y nos dirigimos con nuestro guía al templo de Edfú.

El trayecto hasta el templo no iba a ser en autobús sino en calesa. Nos advirtió de que no diésemos dinero al conductor de la misma, pues ya estaba pagado en el precio del viaje, pero nos aseguró que nos pedirían algo alegando que los caballos tenían mucha hambre….

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Subimos a la calesa dos parejas, a la ida nos tocó ir de frente. El vehículo parecía bastante inestable por lo que el recorrido de unos 20 minutos fue entretenido entre las callejuelas de este pueblo tan características. Al llegar al templo, nos bajamos y, efectivamente, nos pidieron dinero, a lo que respondimos negándonos y nos dirigimos a la búsqueda de nuestro guía. Fuimos hacia la entrada del templo y una vez más había que pasar por un pasillo de vendedores ambulantes. Shayed nos dijo que no nos entretuviésemos, que tendríamos tiempo de comprar a la salida.

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Nos indicó que le siguéramos sin pararnos hasta el fondo del templo donde había una especie de nave usada para cruzar el Nilo y atendiésemos su explicación, que ya tendríamos tiempo de echar fotos…. Esta actitud ya empezaba a cansar a algunos miembros del grupo, pues siempre hacía lo mismo: ir hasta el fondo del monumento, «obligarnos» a escuchar sus explicaciones (algo malas y repetitivas) y luego soltarnos un rato para «hacer fotos».

Tras la explicación pudimos andar a nuestro aire y descubrir los rincones del templo. Se trata de un templo dedicado al dios Horus y tiene dos grándes pájaros en la entrada en representación de dicha deidad.

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De nuevo la arquitectura vuelve a ser impresionante, toda la estructura del templo está en pendiente y perfectamente encuadrada. Desde el profundo fondo del templo se ve a la perfección todo el pasillo que lleva al exterior del mismo con una precision milimétrica.

Nos perdemos un rato por las estrechas salas de este templo siempre seguidos de nativos que intentan que nos hagamos una foto con ellos con el fin de obtener alguna libra. [La imagen de la foto inferior fue sacada a traición, pero cuidado con eso, si ven que les has fotografiado pedirán dinero por ello].

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Decidimos volver, ya que se había hecho la hora acordada con el guía y como no, de nuevo nos vemos obligados a pasar por los puestos ambulantes. Mirada al frente, paso ligero y negativa en los labios. Esta vez uno de los vendedores (Mustafa se llamaba) se puso especialmente pesado y a mi novia le colgó un pañuelo alrededor del cuello diciéndole que se lo regalaba, que era gratis, pero obviamente ella se lo devolvió como pudo (no lo quería aceptar de vuelta el vendedor, incluso ofendido).

Llegamos a la zona de calesas que habría de llevarnos de nuevo a la nave. Ahi estaba Shayed esperando y nos dijo que nos pusiéramos a la sombra hasta que llegase el resto del grupo…. No se que sombra, yo no vi ninguna, acerté a ponerme detrás de un poste eléctrico que me tapaba mas o menos el sofocante calor, cuando se acercaron varias personas pidiéndonos cambio. Les dijimos que no, ya que nos había avisado el propio guía de que hay grandes expertos en estafar con el cambio por mucho que cuentes las monedas. No obstante hubo algún compañero que si les cambió el dinero y no tuvo problemas. El caso es que a los ciudadanos egipcios los bancos no les aceptan monedas, sólo billetes, de ahí que quieran cambiar dinero a los viajeros, cosa que algunos aprovechan para sacarse alguna libra de más.

Tras un rato el resto de compañeros llegaron y subimos a las calesas de vuelta a la nave. Nuestra compañera de calesa llevaba el pañuelo que Mustafa habia intentado «regalarnos» y nos dijo que efectivamente se lo habia regalado (¡sorprendente!).

Llegamos al barco y zarpamos rápidamente ya que teníamos que pasar la exclusa de Esna y si no llegábamos a tiempo nos tocaba esperarnos un día entero y hacer noche allí. Finalmente lo conseguimos. Es curioso ver el proceso desde dentro del barco: metieron al crucero en un canal, vaciaron toda el agua para despues volver a nivelarla y dejarnos continuar el trayecto. Todo escoltado por policias con ametralladora en mano, como siempre.

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Tras un bañito en la piscina de cubierta disfrutando del paisaje desértico que atravesábamos y que cada vez nos acercaba más a las pirámides nos bajamos a comer (eran ya 4 días y aun no me acostumbraba a comer tan pronto, sobre las 12:30 o las 13h). Ese dia comimos cus cus, brócoli, arroz y pepino con queso (lo recuerdo porque tengo una foto de la mesa) regado por una coca cola «arabical version» (que no sabe igual que la de aqui) tras lo cual nos fuimos a dormir una breve siesta hasta nuestra llegada a Luxor.

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Bajamos sobre las 4 de la tarde con un calor terrible y ya quemados del sol de tanta excursión… Totalmente equipados con crema protectora y paraguas para el sol (sí, como en las películas) camino al templo de Karnak. Ese templo es muy muy bonito: a su entrada dos grandes filas de unas 20 o 30 estatuas cada una de ellas, de esfinges de cabras (Crioesfinges se llaman) dejando paso a la majestuosa puerta del templo con unas columnas de un diámetro enorme. Este templo es de los más grandes que vimos, tenía muchísimos pasadizos, cámaras y estatuas aunque el estado de conservación no era tan bueno como en otros.

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Dentro del propio templo había más estatuas iguales a las de la puerta, era como si las pudiesen fabricar en serie ya que todas parecían iguales y habría más de 100, todas talladas de una sola piedra (cada una). Nos adentramos más y más viendo estatuas de faraones de unos 8 metros, más columnas, destacando un impresionante obelisco erguido en el centro de una sala, hasta llegar a un espacio repleto de enorme columas totalmente grabadas donde nos explicó Shayed que estas majestuosas columnas antaño sostenian un techo de madera y cuando subia el Nilo y se inundaba el templo daban lugar a un paisaje de ensueño…. Seguimos hacia el fondo sorprendidos por más y más estatuas mientras el guia nos explicaba los rituales que se llevaban a cabo en la antiguedad en ese mismo lugar.

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Algunos de los cartuchos (simbolos donde se escribía el nombre del faraón) estaban grabados en la pared con una profundidad de muchos centímetros, no como el resto de grabados ni como los cartuchos que habíamos visto en otros templos. Esto se debía a que cuando se construyó este en concreto el faraón temía que al fallecer él se borraase su nombre y se grabase el del nuevo faraón.

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Pues bien, llegamos a una zona abierta en la parte trasera del templo de Karnak donde había una estatua de un escarabajo pelotero, simbolo de buena suerte y abundancia. Los egipcios ántes de salir a la guerra tenían el ritual de dar varias vueltas alrededor de esta figura y según decían así se aseguraban el regreso; es por esto que muchos turistas hacen lo mismo, dan 20 vueltas al escarabajo para volver algún dia a Egipto.

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Llegados a este punto el guía nos dejó libertad y yo aproveché para mirar las notas que había traido de España, me sonaba que en este templo había algo que debía ver. Eva, me había aconsejado visitar la estatua de la diosa Sekhmet, explicándome que se le atribuían poderes mágicos y que allí se celebraban rituales. No creo en eso pero no tenía nada mejor que hacer, además quería ver esa expresión que dicen que tiene la estatua tan bien conseguida. Ya me advirtió también mi amiga que sería algo que el guía no nos enseñaría y que tendríamos que pagarle un plus si queríamos verla ya que estaba en una zona algo apartada del templo.

Le pregunté a Shayed antes de que se fuese a tomar algo a un chiringuito cercano: «¿La estatua de la diosa leona?». Y me dijo: «Anibal, ¿que pasa que quieres hacer magia?». Le dije que no, que simplemente quería verla, entonces haciendo un esfuerzo me explicó vagamente el recorrido que debía hacer para dar con ella. Comenzamos a andar en la dirección que nos había indicado cuando una pareja de Puertoriqueños que venía en nuestro viaje lo oyeron y sintieron curiosidad por verla, ellos si que creian en los fenómenos paranormales, es más, recuerdo una conversación sobre extraterrestres y conspiraciones interplanetarias que habíamos tenido una noche anterior en la cubierta del barco tumbados mirando la luna.

Tras un buen rato buscando el camino a la estatua finalmente dimos con uno de los pasillos que nos había indicado Shayed y al acercarnos….. nos llevamos una desilusión, estaba precintado por un cordón policial y ponía «Prohibido el paso», bueno en ingles «Keep out». Al fondo se veían muchas estatuas de la misma diosa (creo yo, o al menos se parecian todas a una mujer con cabeza de león). Había 3 hombres sentados a la entrada de este pasillo y uno de ellos se acercó a decirnos que no podíamos pasar, que esa zona del templo estaba cerrada. [La siguiente imagen está tomada de un vídeo que grabé clandesitnamente].

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Había también un cartel medio en inglés medio en árabe del que deduje que era como una especie de taquilla con precios. Le pregunté al hombre si podíamos pasar pagándole el dinero que ponía ahí. Se fue un momento a consultarlo con los otros dos y me dijo que por el sí pero que sus compañeros no querían meterse en líos, que estaba prohibido pasar ahora. Dimos una vuelta más por el templo cuando los chicos que venían con nosotros nos propusieron algo, sobornar a los guardas (seguramente ni siquiera lo fuesen) para poder acceder, con una cantidad mayor de dinero, negociarlo, que es como parece que funciona todo en este país, por lo que nos fijamos un precio, creo que fueron 10 o 15 euros (mucho dinero para ellos, la verdad) y también podíamos jugar con unos bolígrafos y unos caramelos que tenía yo en la riñonera que llevaba. Llegamos allí y nos dirigimos al que nos había hablado con anterioridad, le ofrecimos 5 euros, y un bolígrafo y un caramelo para cada uno de ellos; estuvieron un buen rato hablando y discutiendo, y parecía que uno de ellos era el «jefe» y no aceptó nuestra oferta. El amigo que iba con nostros se puso de rodillas y les explicó en su inglés puertoriqueño que veníamos de muy lejos y que sólo queríamos ver esa estatua. Subió la oferta a 10 euros, 1 bolígrafo para cada uno y 2 caramelos para cada uno. En este caso fue dicho y hecho, los tres se levantaron de sus sitios, se guardaron su «comisión» rápidamente y desaparecieron de allí, dejándonos el camino despejado. Pasamos corriendo literalmente a la zona prohibida en busca de la estatua de la diosa. Corrimos todo lo rápido que pudimos hasta estar lo suficientemente alejados de la zona pública del templo.

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Aquella zona era enorme y había estatuas por todas partes, de forma que saber cual era y dónde estaba la que íbamos buscando era una tarea difícil. Nos dividimos, les expliqué a cada uno como era la estatua y si alguien la veía debía avisar al resto. Tras unos minutos buscando apareció junto a mi el guardia con el que habíamos estado negociando preguntándome que es lo que queríamos ver, que si era la estatua de Sekhmet. Le dije que si y nos guió hasta un altar vacío y nos dijo que era allí. Nos quedamos mirando con cara de idiotas, ¿cómo que es aquí?, ¿donde está la estatua?. Parecía que ahora, de repente, no nos entendía, o ponía cara de no entendernos… Hicimos gestos para explicarle que queríamos ver la estatua y tras un buen rato nos dijo que la estatua se la habían llevado a un museo, que allí solo estaba el altar pero que emanaba energía mágica. En fin, aprovechamos el dinero para hacernos unas fotos en el altar «magico» y volvimos a la salida antes de que alguien pudiese vernos. Cuando miramos atrás nuestro improvisado guía había desaparecido.

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Era ya la hora de volver con el grupo, pero yo antes quería ver una puerta de granito que Eva me había dicho que era impresionante, porque era difícil de entender como había sido construída en aquella época. Fui corriendo y mi amigo de Puerto Rico me siguó. Realmente era increible, una puerta de granito de casi un metro de profundidad, cortada a la perfección de manera impecable, aquello parecia un producto industrial…. ¡pero fue elaborada hace miles de años!. ¿Cómo pudieron conseguir aquel corte prácticamente perfecto en ese material?.

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Finalmente nos reagrupamos con el resto de los viajeros y partimos hacia el siguiente templo de la ciudad, el Templo de Luxor.

Llegamos al Templo de Luxor como a media tarde, estaba abarrotado de gente, fue la primera vez que me sentí como un turista de masas. De nuevo nos encontrábamos ante un templo precioso. Dos grandes estatuas sentadas y un imponente obelisco tallado custodiaban su entrada. El mayor problema es que ya estábamos padeciendo una especie de saturación, al no poder digerir tantas dosis de arte y grandeza en tan poco tiempo, llegados a este punto se nos hacía dificil ser objetivos y valorar la magnitud histórica de aquellos muros y figuras….

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Pasamos a la primera de las salas de este gran templo, donde el guía (al que cada vez menos gente le hacía caso, ya que siempre contaba las mismas historias: que si la corona del alto y bajo egipto, que si el pueblo nubio, bla bla bla….. Además de que no nos dejaba libertad suficiente…) nos contaba la historia del lugar. Una vez terminó nos adentramos por nuestra cuenta en el recinto.

Me impresionó especialmente una de las estatuas centrales, también sentadas en posición simbólica de paz (manos sobre las rodillas) por el buen estado de conservación y el detalle máximo en su cara y cuerpo (donde tenia tallados hasta los pezones). Creo deducir que esta pieza en concreto había sido restaurada ya que se encontraba mucho mejor conservada que el resto y eso que había un grupo que parecian hechas con el mismo molde.

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Seguimos avanzando por un enorme pasillo rodeado de majestuosas columnas hasta llegar al fondo del templo. Los grabados a lo largo del recorrido eran increibles. En esta zona más profunda Shayed también nos obligó a prestar atención a un grabado en lo alto de la pared en el que se podía ver un fresco de la santa cena o de algún tipo de oración con jesucristo rodeado de personas; esto fue elaborado en época post romana encima de los jeroglíficos egipcios originales.

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Seguidamente accedimos a la habitación del altar, donde se volvió a producir uno de esos descubrimientos «raros» que tenía yo preparados antes del viaje gracias a mi amiga. Busqué y dí (no me costó mucho por su gran tamaño) con un dibujo grabado en el que se podía ver a una persona con el pene erecto y a otra a su lado recogiendo el semen, dentro del cual se puede ver a la perfección el dibujo de un espermatozoide. De todas las «supuestas cosas mágicas» (soy absolutamente escéptico) que busqué o descubrí en los templos egipcios está es la que más perplejo me deja porque no le encuentro explicación. El dibujo es claramente el de un espermatozoide, no le veo otro sentido… Se me ocurrió preguntarselo a nuestro guia, el cual aun continuará riéndose de mi por ello…. Pero observad en el líquido que sale del pene la clara forma de espermatozoide que es representada… Obviamente es imposible que en aquella época tuviesen conociemiento de cómo éran estos gametos, pero, ¿entonces?…

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Dimos unas cuantas vueltas más haciendo fotos y decidimos salir a inspeccionar la parte de la fachada, ya que habíamos visto que había más cosas por los alrededores del templo (aunque nuestro guia ya habia desaparecido tras quedar con nosotros a una hora y no nos habia dicho nada de aquella zona). Efectivamente encontramos cosas muy interesantes: un pequeño mausoleo con una figura en el fondo claramente romana (con su túnica, su pelo rizado y sandalias), también vimos una enorme cara de piedra puesta en el suelo (posiblemente esa no era su ubicacion original), un grupo de esculturas de piedra de humanos (o pseudo humanos) de dimensiones muy pequeñas (ya hubo quien vio alli extraterrestres), y lo más bonito de todo, una enorme avenida de esfinges que daba acceso al templo y que había pasado desapercibida para nosotros por estar algo apartada. Habría como unas 100 esfinges o más a ambos lados del camino… ¡muy bonito!.

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Ya estaba anocheciendo y fuimos al lugar en el que habíamos quedad con Shayed, que para seguir la costumbre era una zona de tiendas anexa al templo. Allí estuvimos esperando un buen rato, estábamos cansados y pese a que estaba oscureciendo hacía un calor tremendo aún. Nadie se acercó a vendernos nada, lo cual nos resultó muy extraño hasta que nos dimos cuenta de que había entre las tiendas un cartel que indicaba «No Hassle» (que quiere decir: sin agobios). Nos hizo gracia y decidimos dar una vuelta por las tiendas, por una vez sin agobios; durante el paseo uno de los tenderos se ofreció a comprarle el móvil a uno de nuestros compañeros de viaje, ofreciéndole cada vez más dinero. Allí la gente se mata por tener el último modelo de móvil, es increíble; y lo mismo pasa con los coches como nos contarían luego. Nuestro compañero no le vendió el móvil y proseguimos la marcha hasta encontrar a nuestro guia tomando un té tranquilamente en un sillón. Esperamos pacientemente hasta que el buen hombre decidió levantarse y pudimos proseguir nuestro viaje. Ya se oían los cánticos del rezo de la tarde-noche. Y el templo había sido iluminado por focos.

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Volvimos con el autobús a nuestro barco donde tomamos la cena. Esa noche decidimos salir a tomar algo con Pitu y Arturo, compañeros de mesa en el crucero. Ellos tenían la guía de Lonely Planet donde habían visto una zona de bares orientados al turista occidental allí en Luxor cerca del Nilo. Bajamos del barco y nada más tocar tierra se avalanzaron sobre nosotros varias personas, eran taxistas ofreciéndose a llevarnos donde quisiéramos. En principio teníamos pensado ir a pie porque se encontraba en una zona próxima a donde estaba atracado nuestro barco, pero ante la insistencia de los taxistas decidimos probar la gran experiencia de ir en coche por una ciudad egipcia. ¡Imperdible!

Cruzar la calle hasta donde tenían aparcado el coche los taxistas ya suponía un reto. Los coches pasaban a toda velocidad y en cualquier dirección por la estrecha calle paralela al Nilo, y no sólo eso, iban sin luces entrecruzándose unos con otros y generando un molesto y contínuo concierto de claxon. Gracias a la ayuda de los taxistas pudimos cruzar corriendo y una vez en el taxi negociamos el precio, en principio nos pedía 100 libras egipcias, lo que son unos 12 euros, finalmente accedió a llevarnos por 30 libras egipcias, unos 4 euros ya que le dijimos que sino nos íbamos andando. Tocamos a 1 euro cada uno pero la verdad es que no estaba excesivamente lejos. Una vez en marcha el taxi pasamos unos momentos algo tensos, no es lo mismo ver el tráfico desde fuera que vivirlo. Hubo un momento en el que un coche (sin luces claro) venia hacia nosotros de frente a toda velocidad por una calle sumamente estrecha, la colisión parecía inebitable, cerramos los ojos de la tensión, pero la habilidad que tienen conduciendo es increíble, pasó rozándonos y ni un conductor ni otro se inmutaron… Tampoco nos parecía normal que ante un semáforo en rojo no hiciera el más mínimo ademán de frenar o reducir la marcha, pasando como si nada. Pero en fin, ellos son los que viven allí y además supongo que tampoco les apetecerá morirse…

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Llegamos al local, el taxista se ofreció a llevarnos de vuelta al barco cuando terminásemos. Le dijimos que no sabíamos el tiempo que íbamos a estar, él dijo que le daba igual, que esperaría. No obstante decidimos volver andando.

Bajamos unas escaleras que nos llevaban justo a la orilla del Nilo, donde había un grupo de bares y tiendas donde decidimos tomar algo. Nos sentamos y nos trajeron la carta, pedimos 4 cervezas, esta vez de la marca Sakara, para variar un poco ya que desde nuestra llegada la única que habíamos probado era la Stella (en el barco). Se notaba que era una zona turística por el número de occidentales, además de por el hecho de que vendían cerveza. Las tiendas de ropa y los bazares de alrededor tenían carteles «No Hassle» y nadie venia a molestarnos. Pedimos también una shisha con sabor a manzana para fumarla.

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Pasamos una o dos horas en aquel lugar, donde además tenían varios ventiladores enormes en la terraza en la que estábamos sentados que pulverizaban con vapor de agua la zona para apagar el sofocante calor nocturno. Tuvimos una grata conversación sobre nuestras vidas, conociéndonos más ambas parejas, y no sólo sobre las nuestras, sino sobre la vida en general… Recuerdo que hablamos sobre drogas. Cada uno expusimos nuestro punto de vista al respecto y nuestras experiencias con ellas. Tras esto volvimos al barco a descansar para el día siguiente.

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EGIPTO (Parte 2) – Abu Simbel, el espejismo soñado

El gran día habia llegado. Tenía muchas ganas de ver el templo de Abu Simbel, desde pequeño lo había visto en libros y documentales y siempre me había parecido increible.

Nos levantamos a las 3 y media de la madrugada, ya que a las 4 debíamos salir hacia Abu Simbel. Bajamos sobre esa hora y fuimos directamente al autobús. La gente de nuestra nave nos dejó llevarnos las almohadas de la habitación para poder dormir por el camino y también nos prepararon un picnic para desayunar a mitad de trayecto. Nos enfrentábamos a un viaje de 3 o 4 horas por el desierto (el templo está a 300Km de Aswan). Recuerdo que subimos al autobús y era totalmente de noche, y todos llevábamos unas caras de sueño de libro. Nos acomodamos en los asientos como pudimos (normalmente cada persona ocupaba 2 asientos para poder tumbarse y dormir, no había problema ya que fue una excursión opcional y hubo quien no vino), y pasamos las horas en completo silencio, apoyados en la almohada puesta en el cristal de la ventana y dando cabezadas cuando podíamos. Sobre las 6 y pico empezó a salir el sol y abrí un ojo, ya no estabamos en la ciudad, miré a mi alrededor y vi todo desierto, kilómetros y kilómetros de arena anaranjada por todas partes y la carretera por la que circulábamos que se extendía hasta el horizonte. Era una imagen muy bonita, sobre todo ver el sol salir desde las lejanas dunas. Un momento realmente mágico, el primero de los muchos que he tenido la suerte de vivir en África. De esos que invitan a la introspección profunda. Increíble.

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Seguí durmiendo un rato más y sobre las 7 me incorporé para tomar el desayuno que llevábamos en unas cajitas azules de cartón atadas con un lacito muy hortera. el tentempié consistía en un par de panecillos con queso de cabra, un croissant con mantequilla, un bollito y un brick de zumo de mango (en el mejor de los casos, ya que hubo quien le toco un zumo de papaya o algo asi…).

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Tras varios controles policiales llegamos a un descampado en el que había aparcados muchos autobuses. Habíamos llegado a Abu Simbel…. ¡¡Que nervios!! Aunque yo trataba de visualizar ya el monumento, no estaba a la vista. Serían sobre las 8 y media de la mañana y ya pegaba el sol de forma contundente, nos pusimos protector solar antes de bajar del autobús (otro poducto imprescindible en este viaje) y nos dirigimos hacia la entrada siguiendo a Shayed. Antes de entrar algunos optaron por ir al servicio, ya que nos avisaron que en el interior del recinto era imposible, por lo que por tan sólo una libra egipcia pudieron desahogarse antes. Hasta la entrada a la zona vallada de Abu Simbel había que pasar obligatoriamente por una fila de puestos que vendían chilabas, banderas de Egipto, gorros, postales, etc…. Aceleramos el paso y fijamos la vista al frente sin hacer caso de los gritos de los vendedores, no estábamos para muchas bromas después del sueño que llevábamos encima. Esperamos como siempre a que el guia comprara las entradas (en esta ocasión habia bastante cola) y finalmente entramos a la zona de Abu Simbel….

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Lo primero que se ve es un lago impresionante, grandísimo, parece un mar, apenas se ve el otro extremo y por él circulan barcos de crucero. Se trata del lago Nasser. Quedando el lago a la derecha tenemos una pequeña montaña a nuestra izquierda.

El camino nos lleva bordeando la montaña y van apareciendo en las paredes de la misma algunos jeroglíficos. ¡Los primeros que veíamos!

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 Seguimos bordeando el monte… Y lo hicimos con cierta impaciencia (al menos yo) y precisamente en el momento en el que estamos a punto de completar los 180 grados de rotación en torno al monte, APARECE POCO A POCO ANTE NUESTROS OJOS, IM PRE SIO NAN TE…….. Esas figuras de proporciones descomunales hundidas dentro de la roca natural no pueden dejar indiferente a nadie. Me apresuré a seguir girando la montaña para poder verlo de frente mientras no podía quitar ojo a las caras de Ramsés II, ¡que perfección!. Estaba realmente emocionado. Aquello era de otro planeta.

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Cuando por fin estábamos frente al templo y con la intención de acercarnos Shayed nos pidió un momento de atención antes de dejarnos libertad. Nos explicó le historia del templo. Yo no paraba de mirar la construcción con cierta ansiedad. ¡Quería acercarme! ¡Quería mirarla de frente! Pero controlé mi deseo para escuchar al guía.

Abu Simbel significa «Montaña Pura» y fue dedicado a Ramsés II ya que en aquella época los faraones eran considerados dioses. Se construyó al sur de Egipto como un símbolo de unión con el pueblo nubio. Fue construido en el 1284 A.C. y se tardó 20 años en terminarlo. Cuando se construyó la presa de Aswán y se creó el lago Nasser el nivel del Nilo subió considerablemente y el templo peligraba por lo que tuvo que ser trasladado. Para ello se tuvieron que cortar las figuras y transportarlas hasta su nueva ubicación por partes (me parece increíble que tantos miles de años después haya que hacer esto y en su construcción original lo hicieran de una sola pieza…). Antes de la reubicación del templo todos los días 20 de febrero y 20 de octubre los rayos del sol entraban por la puerta principal hasta llegar al fondo del santuario donde iluminaban las caras de las estatuas de los dioses: Amón, Ra, y Ramsés; dejando en penumbra la del dios Ptah, ya que era considerado el dios de la oscuridad. En su nueva ubicación los ingenieros y científicos no fueron capaces de reproducir este fenómeno y sus cálculos erraron, ahora ocurre 2 días después (¡¡¿no es increible también??!! Miles de años después con tecnologías muy superiores…).

Pasada la explicación, el guia nos dejó cierta libertad, aunque nos insistió en visitar primero el templo de Nefertari (es un templo menor situado justo al lado) y posteriormente ya acceder a Abu Simbel. A todo esto un amigo de nuestro guia vendía postales de Abu Simbel, ya que estaba prohibido fotografiar su interior. Yo, dejándome llevar por la emoción le dije que las quería, que luego se las compraba en el autobús.

Haciendo un esfuerzo por no acercarnos a Abu Simbel nos dirigimos al templo de Nefertari (que fue una de sus mujeres favoritas, considerada una semi diosa). y nos paramos frente a su fachada. Realmente era un templo impresionante, con figuras de Ramses (4) y Nefertari (2) de gran tamaño entre las columnas de su entrada. El problema de este precioso templo es su ubicación. Cualquier cosa que pongas próxima al templo principal de Abu Simbel queda eclipsada por el mismo.

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Entramos al templo de Nefertari y en su interior encontramos 6 majestuosas columnas y gran cantidad de escenas de sacrificios y rituales. Al salir una de las personas que estaba en la puerta nos ofreció hacernos una foto con la llave del templo, dorada, de gran tamaño y con la forma de la llave de la vida. Dijimos que no sobreentendiendo que habría que pagar por ello, él nos dijo que no, que era gratis y nos puso la llave en las manos y finalmente nos hicimos la foto, luego no parecia importarle si le dabamos el dinero que antes decia no querer… pero decidimos no hacerlo en esta ocasión.

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Nos dirigimos entonces al templo principal de Abu Simbel. Llegamos y nos quedamos fíjamente mirándolo, he de reconocer que prácticamente se me saltaban las lágrimas. Estábamos ante una de las obras más increibles de la Humanidad y en un paraje idílico, a orillas del impresionante lago Nasser y a su vez incrustado en una montaña en mitad del desierto. Personalmente yo nunca he sabido valorar el arte, sólo basta decir en mi contra que me quedé dormido en París en el Louvre justo enfrente de la Mona Lisa, pero es que aquello no se trata de una cuestión de arte, sino de sentido común, de alzar la vista y ver esas 4 estatuas de Ramsés II sentadas en posición simbólica de paz, con sus manos sobre sus rodillas alzándose más de 35 metros y sobre todo pensar cuándo fueron construidas…. Increíble. Pasamos varios minutos haciendo fotografías en la puerta, desde todos los ángulos que se nos ocurrieron. Incluso nos fotografiámos con la cara desprendida de una de las figuras (debido a un terremoto), hasta que por fin decidimos entrar.

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Dentro se pueden ver en la sala principal 6 estatuas bastante grandes del Ramsés II ya en posición erguida adheridas a las columnas y grabados por todas las paredes del templo que representan las guerras en las que el faraón había participado. Algunos de los grabados presentan efectos de movimiento muy curiosos (reproduciendo el movimiento de las patas de un caballo en varios dibujos sucesivos superpuestos, por ejemplo). Más al fondo se encuentra el santuario donde están las estatuas de los 4 dioses y diversas imágenes en las paredes aludiendo a la fertilidad donde se pueden ver representados varios penes. No pude realizar fotografías del interior, por no estar permitido, como comenté anteriormente. Pongo a continuación unas imágenes sacadas de Internet, para no dejaros con las ganas.

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Si tuviese que destacar algo negativo sería lo relacionado a la conservación. Por un lado todos los grabados de las paredes, que no hemos de olvidar que tienen unos 3.500 años de antigüedad, están sin proteger y vi a mucha gente tocarlos y pasarles la mano por encima, lo cual me dió bastante rabia. La grasa que todos tenemos como recubrimiento natural en nuestra piel es corrosiva para la piedra. Por otro lado, por las noches se hacía un espectáculo de luces en la fachada del templo y habían clavado unos focos a las estatuas de la puerta con este fin (se puede apreciar en las fotos anteriores, en las rodillas del faraón). Y para colmo muchas de las estatuas del interior y exterior estaban grabadas con inscripciones de nombres de personas y fechas, de allá por el 1800; no dejan de ser inscripciones que ya tienen su propio valor por la antigüedad pero afean el templo.

Nos quedamos unos minutos más mirando el templo, pensando en todo un poco, en el tiempo que llevaba eso construido, el lugar en el que estábamos y todo lo que simbolizaba… Momento de reflexión, sabiendo que estaba en un lugar único y que siempre recordaría. Sentí el Síndrome de Stendhal.

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Llegó entonces la hora de subir de nuevo al bus. Volvimos y decidí no comprar finalmente las postales, pensé en descargarme de Internet al llegar a España fotos del templo, mucho más económico y práctico por no tener que escanearlas luego. Además, sabía que el recuerdo en mi mente sería suficiente. Esperamos unos minutos junto al autobús mientras veíamos patrullar a varios policias cargados con sus ametralladoras. Aproveché para hacerme una foto con un cartel explicativo en árabe sobre el monumento (a día de hoy estudio árabe pero sigo sin tener el nivel necesario para  descifrar qué pone). Subimos al autocar y tuvimos que atravesar de nuevo los 300Km hasta Aswan. Teníamos la esperanza de poder ver los espejismos del desierto que tanta gente había tenido oportunidad de observar, pero se ve que no hacía el suficiente calor (pese a que era bochornoso) o no era la hora del dia adecuada para ello, de modo que nos quedamos con las ganas y aprovechamos para volver a dormir algo o hablar con los compañeros.

Llegando a medio día al barco nos esperaba la comida. Comimos mientras el barco zarpaba y por primera vez íbamos de crucero por el Nilo realmente. Nunca olvidaré tampoco la sensación de estar en el comedor del barco tomando algo y viendo en esas enormes cristaleras pasar el rio con esos paisajes tan característicos: a la orilla una frondosa vegetación, pocos metros mas atrás y hasta donde alcanzaba la vista desierto… Para nuestro organismo parecía ya casi la cena pues llevábamos ya muchas horas fuera y habíamos comido el picnic que nos dieron y estábamos muy cansados. Comimos y nos fuimos a dormir la siesta.

Por la tarde nos despertamos cuando paró el barco, teníamos una visita programada, se trataba del templo de Kom Ombo (a unos 40 Km de Aswan río abajo). Bajamos guiados por Shayed y nos dirigimos al templo que se encuentra a escasos metros del río. Es una visión preciosa cuando llegas con el barco y lo ves ahí instalado muy cerquita del agua.

Esta construcción fue en su época una especie de hospital y está dedicado a dos dioses: Sobek y Haroeris. Es bisimétrico con dos altares en sus extremos y varias salas hipóstilas.

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Las grabaciones de las paredes son extremadamente curiosas ya que se pueden ver imágenes de partos, de utensilios quirúrgicos de la época, etc…

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Llegados a este punto he de mencionar a Eva. Eva era una compañera de trabajo en España que conoce algunos de los entresijos «misteriosos» de los templos egipcios y me indicó lugares especiales de las construcciones a los que debería prestar especial atención, advirtiéndome también de que en muchos de ellos nos pondrían trabas a la hora de acceder. Pues bien, en mi libretita de «Notas de Eva» venía este templo como primer item. Me indicó que buscase una sala concreta del templo y me advirtió de que no nos la enseñarían por defecto. Así fue. Tuve que preguntar al guía e insistirle para que nos llevase a la sala en cuestión. Y, ¿qué  había alli?. Pues para empezar la sala estaba cerrada con una reja, no se podía pasar, por lo que tuve que echar la foto que muestro a continuación un poco a ciegas metiendo el brazo. Lo que se aprecia es un fonendoscopio. ¿Un fonendoscopio en época egipcia?. El fonendoscopio fue oficialmente inventado en 1.819. ¿Como puede haber un grabado de este utensilio aquí?, y ¿por qué está esa sala cerrada?. Respecto a lo del fonendoscopio, nuestro guía no estaba de acuerdo conmigo, decía que lo que aparecía en la imagen era un collar. Juzguen ustedes mismos… Para mi no es un collar, ¿que pinta un collar en medio de un supuesto hospital y rodeado de grabados de utensilios y métodos médicos?. No lo se, es un misterio.

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Dimos una vuelta más por el templo y salimos por un pasillo en el que había grabadas unas personas con la cara totalmente desgastada (como hundida hacia dentro), esto se debe a que en aquella época, cuando estaban en la sala de espera de este sanatorio pensaban que tocando las figuras de los grabados les traspasarían a ellas las enfermedades, por eso llevan ese desgaste.

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Una vez fuera del templo había dos opciones, o volver al barco o pasear por un mercado que había a los pies del templo justo al lado del rio. Inicialmente optamos por lo segundo, pero fue poner un pie en la calle del mercado y ver como todos los vendedores se avalanzaban sobre nosotros. Uno de ellos me dijo que si quería una chilaba, a lo que yo conteste que no (aunque si que me apetecía ver alguna pero no con ese agobio), el hombré insistió, me agarró del brazo y me llevó hasta el fondo de su puesto, menos mal que mi novia se puso seria y me sacó…. Total que decidimos ir en dirección contraria y volver al barco a descansar, no teníamos ganas de pelear con esta gente, al menos no hoy. De vuelta al barco me hizo gracia un vendedor que desde su puesto grito: «¡Amigo!, ¡Comprar aqui!, ¡Aqui no agobios!». Jajaja, me di la vuelta y sonreí, porque entre tanta locura por vender hacia gracia ver que alguno de ellos habia optado por publicitarse de esa manera, como una tienda sin agobios. Desde la habitación del barco veíamos perfectamente el mercado y como los extranjeros intentaban huir, y los vendedores a la caza, fue muy divertido, ver las caras de agobio de los turistas. Y es sumamente sorprendente la de idiomas que sabe esta gente (seguramente lo básico de cada uno de ellos para vender) y como son capaces de identificarte y saber de que país eres para hablarte en ese idioma, increible…

Mientras el resto del pasaje volvía de Kom Obmo, mi novia y yo aprovechamos para estrenar la piscina de la que disponia el barco en su cubierta. Otro momento para recordar: atardeciendo en el Nilo, con una temperatura magnífica, dentro de la piscina del barco y con el templo de Kom Ombo imponente a nuestras espaldas…

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Al rato fue llegando el resto de compañeros y disfrutamos de una agradable charla en la piscina mientras el barco zarpaba rumbo a nuestro próximo destino a orillas del Nilo. Vimos atardecer en la cubierta hasta la hora de cenar (un delicioso Falafel y de postre unos dulces increibles).

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Tras la cena nos esperaba la fiesta de chilabas en la «discoteca» del barco. Algunos habían alquilado una chilaba en la tienda del propio barco, nosotros sin embargo la habíamos comprado (mala decisión, a no ser que compres una de buena calidad no merece la pena). Entramos a la discoteca y tomamos unas cervezas mientras Shayed cogía el micrófono y nos explicaba en que iba a consistir la fiesta. Primero subimos todos al escenario y mientras sonaba la música de baile árabe teníamos que bailar hasta que de pronto, la música paraba y Shayed decía un número; en ese instante teníamos que formar grupos de ese número de personas, los que quedasen fuera de los grupos eran eliminados, así hasta tener un par o tres de ganadores. Fue divertido, aunque nos eliminaron a medio juego. Tras este se realizó un juego parecido al de las sillas rusas pero con cucharas; en este caso solo las mujeres subieron a la palestra y formando un cículo alrededor de unas cucharas que había en el suelo tenían que bailar al ritmo de la música hasta que dejase de sonar, y en ese momento debían coger con los dedos del pie una de las cucharas del suelo (había una cuchara menos que participantes) y la que quedase sin ella era eliminada…

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Una vez terminados estos juegos uno de los compañeros del viaje se atrevió a cantar una cancion en árabe (inventado) lo cual fue muy divertido…. Tras esto pidieron una cancion de Bisbal y por suerte no conocian ni quien era ese cantante (¡que alivio!). Seguimos tomando cervezas en el bar del barco unos minutos hasta que alguien propuso subir a la cubierta a seguir bebiendo allí, ya que servían igual arriba que en el bar. Una vez arriba y aun ataviados con nuestras chilabas, turbantes etc, algunos se pusieron a jugar al ping pong que había alli mientras otros aprovechamos para charlar sentados y conocernos un poco más.

El barco estaba detenido en un pueblo y amarrado junto a un puesto de policía que nos custodiaba (con sus correspondientes agentes armados). Estuvimos contemplando el ir y venir de gente del pueblo, de vez en cuando nos saludaban. El tráfico nos llamó la atención, se cruzaban coches, bicicletas, burros, peatones, etc… sin ningún tipo de organización, de una calle de un solo carril hacian hasta 3 y lo que era más sorprendente, iban siempre sin luces los coches, continuamente usando el claxon lo que se convertía en una banda sonora peculiar (más tarde nos explicarían que el motivo de no usar las luces era porque la ciudadanía seguía pensando que encender las luces del coche consumía gasolina). Al fondo se veía una mezquita adornada con las típicas luces verdes fluorescentes. De vez en cuando pasaba una calesa por la calle. Tras un rato observando comenzaron a pasar coches a toda velocidad, con unas luces de colores (como las de navidad) rodeando uno de ellos, detrás otro coche con un cámara con medio cuerpo fuera grabando. Pensamos que se trataba de una película, porque parecia como una persecución aunque era un rodaje muy peligroso…. sin luces y a toda velocidad por aquellas callejuelas…

De repente una chica del grupo tuvo una idea, «¿Por qué no bajamos a dar una vuelta por este pueblo?». Hubo a quien no le pareció buena idea incluso a quien le daba algo de miedo, sin embargo a mi me resultó una buena opción, llevábamos 3 días en Egipto y siempre habíamos ido bajo el paraguas de nuestro guía a los templos y en la burbuja del autobús o barco, me apetecía mezclarnos con la gente y concer algo del Egipto real. Tras una media hora de dudas decidieron bajar a preguntarle a Shayed si había algún problema en salir a pasear ya que él nos podría aconsejar sobre la conveniencia o no del paseo. Resultó que en esos momentos se encontraba en su habitación en mitad de la oración, por lo que hablamos con el conserje del barco y nos dijo que sin problemas, que no pasaba nada, que nos abría el barco y luego volvería a cerrar cuando regresásemos y que no existía ningún peligro.

Pues allá que fuimos (unos 8 o 10) vestidos aún de la fiesta de chilabas, que pensamos: «Asi pasaremos desapercibidos», si ya…. A los 30 segundos de bajar del barco ya estaban llamándonos desde la otra acera e invitándonos a entrar a las tiendas o consumir algún te en un bar (todo abierto a esas horas, sería sobre la 1 de la madrugada, pero así es la vida en estos lugares, los comercios jamás cierran). Vimos junto a nosotros los coches de las luces pasando como locos, le preguntamos a un niño y nos dijo que se trataba de una boda. Seguimos caminando por la primera calle pegada al río durante un rato, evitando en lo posible a los vendedores y los niños que se acercaban a pedirnos dinero. Hablamos con una niña que nos fue siguiendo durante un buen rato y la cual quería también algo de dinero, nos dijo que no tenia que dormir aun porque empezaba las clases al dia siguiente a medio dia, no por la mañana. También nos encontramos con unos niños que nos pedían tabaco (no me siento orgulloso de reconocer que a uno de ellos le di un cigarro, pero se pusieron excesivamente pesados ante mi negativa inicial). Después de un rato decidimos volver porque no queríamos alejarnos mucho del barco por temor a perdernos, además de empezar a haber cada vez menos luz por la zona hacia la que nos dirigíamos. En ningún momento nos separamos de la calle que iba pegada al río, más que nada porque el resto parecían oscuras y algo tenebrosas. De vez en cuando nos topábamos con algún puesto de policía vacío, construido en piedra y con muchas señales de antiguos disparos en su estructura. Volvimos al barco por el mismo camino y subimos de nuevo a la cubierta. Fue divertido, mucha gente se reía al vernos pasar; debe ser como ver a un grupo de extranjeros por España vestidos de sevillana….

Tras un rato tomando una última cerveza nos fuimos a dormir para estar descansados para el día siguiente. Algunos de los jugadores de ping pong con chilabas las habían roto por la axila dándole a la pala, y eran de alquiler, jajajaja.

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EGIPTO (Parte 1) – Desierto Nubio junto al Nilo

El día 16 de Julio de 2009 comenzamos este increíble viaje por tierras Egipcias.

Bandera Egipto

Cogimos el avión en el aeropuerto de Madrid-Barajas con destino El Cairo, mediante la compañía Egyptair (he de reconocer que el nombre no nos aportaba confianza, era nuestro primer viaje con esta compañía…). El vuelo salió con algo de retraso y el nerviosismo era evidente entre los viajeros que ibamos a pasar nuestras vacaciones en Egipto. Minutos antes de embarcar vimos como bajaban los pasajeros que precisamente venían de El Cairo. Nos fijábamos en la ropa que llevaban, si venían morenos, los rollos de papiro que muchos traían en la mano….

Finalmente accedimos a la aeronave y despegamos, precisamente en ese momento, unas pantallas se desplegaron del techo del avión y se proyectó una grabación en la que se veía una mezquita y se escuchaba una oración en árabe mientras se sobreponían escrituras en ese lenguaje. Muchos de los pasajeros Españoles bromeaban, ya que tenemos una asociación extraña en nuestra mente occidental: Aviones – Musulmanes – Rezos del corán… que hacía que a muchos les impresonase esa situación.

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Allí en el avión nos tocó al lado un niño Sudafricano muy simpático con el que charlamos durante las largas 5 horas que duró el viaje. Este chico viajaba de Madrid a El Cairo y luego de El Cairo a Johannesburgo. Ahí comenzamos a practicar el Inglés que tan útil nos sería a lo largo de nuestro viaje. Egipto tiene como idiomas oficiales tanto el Árabe como el Inglés. Por cierto, los aviones de Egyptair muy cómodos y lujosos, además de servir varias comidas, bebidas y prensa totalmente gratis. Para colmo nos ponían un par de películas que podían escucharse en el idioma que cada pasajero seleccionase (aunque el castellano era con acento Mexicano).

Una vez aterrizamos nos encontramos con una situación un poco confusa y agobiante. Debíamos coger otro vuelo hasta Aswan que salía a los pocos minutos, pero antes era necesario comprar la visa para que nos la pudieran sellar y así regularizar nuestra estancia en el país. El problema fue que al bajar del avión no nos dejaban acceder al aeropuerto, vimos un monton de gente apelotonada y empujándose sobre unos ridiculos mostradores, los cuales eran atendidos por personas con mascarillas que no paraban de gritar cosas en árabe. Eso nos asustó un poco en un principio, pero tras investigar vimos que se trataba de medidas de seguridad por el tema de la gripe A. Únicamente teníamos que rellenar un formulario, el cual para nuestra desgracia estaba en Árabe… Finalmente conseguimos unas copias del mismo en Inglés y nos hicimos con un bolígrafo para poder cumplimentar el folleto. Pasamos el escáner térmico para descartar que tuviésemos fiebre y nos dirigimos corriendo hacia el banco para comprar nuestro visado y acto seguido salir también corriendo a buscar nuestro vuelo hacia Aswan (salía en 5 minutos). Nos costó mucho llegar a este segundo avión, ya que en los controles policiales de dentro del aeropuerto no reinaba precisamente la eficacia ni la rapidez, de hecho los policias bromeaban, paseaban y hablaban entre ellos con total tranquilidad mientras una cola de impacientes turistas esperábamos sin saber siquiera si nuestro vuelo se había ido ya sin nosotros o no… ya que pasaban 10 minutos de la hora oficial de salida. No había monitores de información. No sabíamos nada. Este fue mi primer contacto con la tranquilidad africana. Es muy útil la paciencia y el saber que ya no estás en occidente, aquí todo es más lento. Estabamos tan nerviosos que ni siquiera reparamos en el aspecto desaliñado de los policias ni en la ametralladora que portaban. Otro rasgo propio de las fuerzas de seguridad en África: aspecto cutre y siempre muy bien armados, y por supuesto siempre sobornables….

Seguimos corriendo hasta llegar al último punto de control. Pasamos el escáner a las maletas. Y… Yo había traído una botella de Vodka negro del Duty Free del aeropuerto de Madrid. Pues bien, es ilegal entrar alcohol a Egipto. Esto debe quedar bien claro. Es un país musulman y NO se puede acceder a él con alcohol. Insensato de mi portaba un litro y medio de Vodka negro. Al pasar el control en aquel sucio habitáculo ví que uno de los guardas dijo algo acerca de una botella y comenzaron a hablar en Árabe. Yo no estaba para perder mucho el tiempo, de modo que, realizando la primera insensatez del viaje, aproveché el descuido mientras hablaban, cogí mi mochila y salí corriendo hacia la puerta de embarque. Mientras corría miré atrás y pude ver como habían caído en la absoluta confusión y buscaban la botella en la mochila del pasajero que pasó el escáner justo detrás de mí.

Finalmente cogimos el avión con la lengua fuera de correr por todo el aeropuerto de El Cairo. Este segundo avión era bastante más pequeño y algo antiguo pero igual de cómodo. Tras un vuelo de hora y media aterrizamos en Aswan, nuestro destino final. Eran más de las 12 de la noche y había sido una jornada agotadora. Allí en el aeropuerto nos esperaba un representante de nuestra compañía de viajes (Papirotours) el cual tuvo que mediar con la policía, ya que a unas señoras argentinas de nuestro grupo no les sellaron correctamente el pasaporte en El Cairo y no las dejaban salir del aeropuerto, los policias se pasaban de uno a otro el pasaporte, se miraban, llamaban a mas policias… aquello era de chiste, pero ninguno solucionaba nada. Tras una media hora esperando (la cual aprovechamos para fumarnos un cigarro en la puerta del autobús que debía llevarnos al hotel y para decir que «no» a los porta maletas que nos pedian dinero -nos íbamos a hartar de decir eso durante el viaje. Menos mal que nos lo aprendimos en Árabe: «la»-) el autobús salió hacia el hotel sin nuestras compañeras argentinas que se quedaron con el representante en el aeropuerto realizando llamadas para intentar solucionar el problema. En 20 minutos llegamos a orillas del Nilo acompañados ya en el bus por nuestro guía (Shayed) que nos fue haciendo una introducción sobre el país y sobre nuestro viaje en general. Una vez allí bajamos del autobús para coger una barca que habría de transportarnos hasta la puerta del hotel, ya que se encontraba en una isla en medio del Nilo. El hotel se llama Mövenpick – Aswan.

Una vez en el hotel (era la 1 y media de la madrugada) nos dieron las llaves y nos dijeron que a las 8 de la mañana teníamos que bajar a desayunar para estar a las 8 y media en marcha para nuestro primer día de actividad. La habitación del hotel muy buena, cómoda, bonita y con unas vistas al Nilo inmejorables….

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Nos despertaron llamando a la habitación y diciéndonos algo en inglés que apenas entendimos, no se si por el acento Árabe o porque simplemente estábamos dormidos. Al levantarnos descorrimos las cortinas de la habitación y…. ¡Buah! ¡Increíble! ¡Menudas vistas! No podía creerme lo que veía. Estar ahí… En una islita en mitad del Nilo, con las falucas navegando. Que sensación mas bonita.

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Bajamos a desayunar a la segunda planta del hotel. Se trataba de un buffet libre con tortitas hechas en el momento, té, café, etc… Mi novia se puso un vaso de leche y se echó algo que creía era Cola-Cao o similar, pero resultó ser canela, con lo cual la leche quedó una pasta acanelada infumable. Esto debe ser algo habitual ya que el camarero se dió cuenta y en seguida trajo otro vaso.

Nos encontramos en recepción con las compañeras Argentinas y nos contaron que salieron del aeropuerto al final a las 5 de la madrugada, por lo que apenas habían dormido.Volvimos a cruzar en barca el Nilo (pilotados por un hombre al que por cierto recuerdo que le faltaba un dedo) y de ahí al autobús para dirigirnos a nuestra primera visita de interés: el obelisco inacabado.

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En el trayecto en bus empezamos a ser conscientes de dónde estábamos realmente, el estado de las calles nada tenía que ver con una ciudad europea normal, las gentes que por ella paseaban, ataviadas con sus chilabas, velos, etc… Pero quizás lo más llamativo era el tráfico, los cruces de calles eran sitios por los que pasaba el que primero llegaba, no había ningún tipo de preferencia, y los semáforos un mero adorno. Recuerdo que nosotros mismos viajando en autobús íbamos saltándonos todos los semáforos o señales que encontrábamos en nuestro camino. En cada esquina se enlazaba una interminable cadena de coches, motos, bicicletas, caballos y peatones. Shayed iba explicándonos algo más sobre Egipto (con alusión al «supuesto» caracter democrático del país incluido) mientras nosotros mirámabos por las ventanas entre asombrados y somnolientos.

Al llegar al obelisco bajamos del autobús y volvimos a notar el calor sofocante. En cuanto a temperatura eran como las 13h o 14h de España y realmente, ¡¡eran las 9:30 de la mañana!! El guía nos hizo esperar unos minutos mientras compraba la entrada al recinto y seguidamente accedimos a lo que antaño era una cantera en plena montaña de Aswan (desde donde además se veía una bonita panorámica de la ciudad). Shayed nos explicó que aquí era donde tallaban gran parte de las piedras de los templos y que esperaban a que la crecida del Nilo llegase hasta la cantera para entonces subir las piedras a una nave que las transportaría por el río hasta su ubicación final.

En esta cantera quedó un obelisco a medio trabajar, lo que ha sido de gran valor para los arqueólogos e historiadores, que han podido hacerse una idea de cómo trabajaban en aquella época. Han quedado marcas también en el granito. Para quebrar la piedra hacían uso de maderas incandescentes que posteriormente enfriaban de manera brusca, lo que generaba grietas en la piedra. También dicen que utilizaban algún tipo de ácido para grabados o muecas.

Todo el recinto estaba vigilado por gente (¿policías de paisano?) con ametralladoras al hombro.

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Una vez visitado el lugar nos disponíamos a regresar al autobús cuando vimos que la única salida del recinto era por una calle repleta de tiendas, al final de la cual nos esperaba nuestro guia. Serían como 10 tiendas de souvenirs, refrescos, ropa, bisuteria, etc… La mayoría de nosotros no le dimos importancia y caminamos decididos hacia el autobus sin intención de comprar nada, pero este fue el instante en el que se nos mostró una parte muy característica de este país. Apenas llegábamos a la primera tienda ya había unas 5 o 6 personas gritándonos, entre ellos varios niños: «¡Españoles!», «¡Bienvenidos!», «¡Viva Fernando Alonso!», «¡Amigo!, ¡Barato!», etc… incluso alguno se atrevió con un «¡Viva Franco!» que causó cierto malestar entre algunos de los compañeros del grupo.

El pasar por delante de aquellas tiendas con nuestra cara de turistas occidentales fue más dificil de lo que parecía, más que nada por la necesidad de tener que ir diciendo constantemente: «No, gracias, no quiero nada, no, no, no….» o como algunos habíamos aprendido antes de salir (advertidos por amigos que habían visitado el país): «La, shukram». Pues bien, yo personalmente pude zafarme de todos los vendedores excepto de un niño que me siguió hasta la misma puerta del autobús con bastante cara de pena intentando venderme unos marcapáginas de papiro en los cuales yo no tenía ningun interés; como vió que era inútil pero que en el fondo le prestaba atención, lo que hizo fue pedirme el anillo que llevaba y con mucho gusto se lo dí (era un anillo que no valía ni 50 céntimos y que no tenía ningún valor para mí). A cambio me dió un marcapáginas de esos, aunque luego mi novia aprovechó para conseguir alguno más por el mismo anillo…. Ya subiendo al bus otro niño me pidió las gafas de sol pero a eso ya no accedí.

Total que llegué al autobús después de mi primer contacto con la «realidad comercial» de este país y ya iba sin el anillo con el que había venido. Llegamos de los primeros al autobús y pudimos ver al resto de compañeros esquivando a los vendedores, fue realmente divertido. La mayoría subían resoplando aliviados al bus, aunque alguno que otro venía diciendo «Mira que pulsera más bonita he comprado, ¡y por sólo un euro!». Con los dias alli sería consciente de que un euro es mucho dinero, es más, existe un elaborado mecanismo de estrategia comercial por el cual en los puntos de inicio de los viajes turísticos al país te ofrecen artículos a un euro y en las ciudades de fin de recorrido es habitual encontrar por ese mismo euro hasta cinco o seis unidades del mismo producto… Por lo que recomiendo ser paciente, vas a encontrar prácticamente lo mismo a la venta durante todo el viaje, y su precio irá disminuyendo, y tú mismo irás viendo cual es su precio real. Mucho menos de la mitad de lo que te piden los primeros días. Los egipcios son una raza de comerciantes desde hace siglos. Saben a la perfección si llevas mucho o poco tiempo en el país y como provocar tu atención.

Nuestro siguiente destino era la presa de Aswan. Cogimos de nuevo el autobús. Autobús que se convierte en un oasis de alivio durante todo el viaje, por dos motivos. El primero de ellos es que alivia el agobiante calor del país y el segundo que te protege de los constantes vendedores. Al llegar a la presa Shayed nos explicó la importancia de su construcción para dar suministro eléctrico a una gran parte de Egipto, así como para controlar el caudal del Nilo. También nos comentó que a un lado de la presa había cocodrilos, mientras que al otro ya no, pues se les impedía el paso mediante un sistema ideado para ello. Por otra parte también nos habló de que murieron miles de personas durante la construcción de la presa y que se tardó muchos años en terminarla. Sin duda una buena obra de ingeniería, aunque nada que ver con lo que veríamos los días posteriores….

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Llegado ya prácticamente el medio día y de vuelta de la presa el autobús nos llevó a una gran tienda de perfumes allí en Aswan. En el trayecto nuestro guia Shayed nos reconoció tener comisiones de venta en los productos que allí comprásemos. El sitio era realmente bonito, eran varios pisos de una casa muy grande y antigua donde todas las habitaciones estaban llenas de vidrieras con frascos de perfume. Los frasquitos los fabricaban allí mismo. Nos hicieron una demostración de cómo lo hacían: moldeándolos con fuego y soplando para darle forma al vidrio. La demostración incluyó susto y todo cuando el artesano explotó una burbuja de cristal para crear un orificio en el recipiente que estaba moldeando. Más tarde nos subieron a otra planta, nos sentaron y nos prepararon un té. Tras tomarnos la bebida escuchando la explicación del proceso de fabricación de perfumes nos dieron a oler práctiamente todas las variedades de perfume que tenían, y según decían, eran las mismas esencias usadas por las grandes marcas de perfume occidentales: Hugo Boss, Channel, etc… Finalmente salimos del recinto (creo que nadie compró nada para desgracia de Shayed) y volvimos al autobús, en ese cortísimo trayecto (el bus estaba aparcado justo en la puerta) nos asaltaron vendedores ambulantes de marcapáginas de papiro, vendiéndolos a 1 euro cada uno. Subimos al autobus y desde abajo comenzaban a mejorar la oferta, ahora eran 5 por 1 euro. Cuando ya estábamos todos arriba Shayed habló con uno de los vendedores y nos dijo a todos si alguien queria comprar 10 por 1 euro, varios de los compañeros de viaje compramos entonces los mini papiros. Ojo, ¡10 veces más barato de lo que lo habían ofrecido unos segundos antes! Y aún se podrían conseguir más barato… Nunca compres nada sin hacer el amago de irte, la oferta mejora sorprendentemente, y es más, te perseguirán, por lo que haz bien el amago, no des sólo dos pasos.

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Tras esto fuimos directamente a lo que sería nuestra nave para el crucero por el Nilo, se trataba del «Nile Supreme». Nos dejaron las maletas en las habitaciones y repartieron las llaves.

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Tras visitar las habitaciones bajamos a comer nuestra primera comida en Egipto. Comimos arroz, falafel, patatas… siempre llevando cuidado con no comer nada crudo aunque nos dijeron que la comida del barco era fiable para nuestros estómagos occidentales…  Esto es otro dato a tener en cuenta: cualquier agua que no esté embotellada es susceptible de ocasionarnos una diarrea aguda durante varios días (la conocida como «diarrea del viajero», del mismo modo hay que llevar cuidado con los alimentos que están sin cocinar y en contacto con el agua de allí: verduras y frutas sin pelar. Esto se debe, no a que seámos más débiles que los habitantes de allí, sino a que exite en el agua siempre una bacteria llamada Escherichia Coli, tanto allí como aquí como en cualquier lugar del mundo, y los organismos desarrollamos una inmunidad a ella, pero en estos países la cepa de dicha bacteria es diferente). Es recomendable llevar Fortasec. También tuvimos la ocasión de tomarnos nuestra primera cerveza en el país (al ser un país musulmán en sitios no turísticos no venden cerveza), se trataba de una STELLA de medio litro (sí, las cervezas en general en África son grandes, y normalmente no están frías, pero en el barco están especializados en turistas y sí las sirven frescas). ¡Que decir de lo bien que sienta una cerveza fresca con ese calor! Pero cuidado, en el barco te cobran precio occidental. Te resultará barato, pero es carísimo para los precios del país. Eso sí, fura del barco o del hotel es complicado sonseguir alcohol en condiciones.

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Tras la comida y una merecida siesta, sobre las 4 de la tarde nos esperaba una excursión en faluca por el Nilo y los que lo hubiésemos contratado teníamos también la visita al poblado nubio. La raza nubia poblaba el sur de Egipto desde antes de los faraones, son de piel más oscura que el resto de Egipcios y tienen unas tradiciones y modo de vida propios muy enraizados. Nuestro guía nos dijo que el poblado que íbamos a ver no era turístico, que era la vida de los nubios tal cual… realmente era una atracción de feria, con encanto pero totalmente adaptado y acostumbrado al turismo diario.

Subimos a la pequeña embarcación y surcamos el increible y anchísimo rio Nilo con un calor asfixiante mientras Shayed nos contaba cosas sobre las costumbres nubias, como por ejemplo la de cubrir los brazos de las mujeres con pulseras de oro según el poder adquisitivo y como medio de inversión para futuras necesidades. A mitad de camino, los dos chavales que había en la Faluca tuvieron un «espontáneo» arranque y comenzaron a cantarnos una canción típica nubia mientras tocaban sus instrumentos de percusión. Todos nos levantamos y bailamos aquella melodía. Obviamente aquello no era un acto desinteresado. Tras terminar la actuación montaron en la propia barca un pequeño puestecillo de souvenirs y bisuteria.

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El resto del trayecto lo pasamos contemplando el paisaje, el majestuoso desierto se extendía desde unos metros de la orilla del río hasta donde alcanzaba la vista. De vez en cuando pasábamos cerca de alguna construcción antigua: tumbas, templos, etc… Y de tanto en tanto algún niño atrevido se acercaba a nuestra faluca subido en un corcho o un plástico y remando con sus propios brazos para pedirnos un euro mientras nos cantaba la macarena….

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Según nuestra embarcación se iba aproximando a la orilla para desembarcar avistábamos una nube de camellos esperándonos. Así como varias personas que intentarían vendernos collares en tal que pusiéramos pie en tierra. Tras subir cada uno a un camello (estaba incluido en el precio de la visita al poblado aunque era opcional) dimos un paseo por la orilla desértica del rio de unos 25 minutos hasta llegar al núcleo del poblado nubio donde unos niños nos ayudaron a bajar del animal pidiéndonos luego propina por ello (y enfadándose por no recibir lo suficiente en todos los casos independientemente de la cantidad aportada).

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Entramos a una casa en la que vivía gente y donde nos «invitaron» a un té, un poco de pan con diferentes salsas (quesos, miel, pasta de cacao….) y también a fumar shisha. Tras esto una señora se ofrecía a realizarnos un tatuaje de henna y después se nos daba libertad para pasear por la vivienda y realizar fotografías. Había animales disecados por toda la casa, que según su tradición alejaban a los espíritus, también tuvimos la ocasión de ver como criaban cocodrilos e incluso de coger con nuestras manos a uno pequeño.

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Al salir de la casa nos estaban esperando niños para pedirnos dinero de nuevo y algunas ancianas que vendian unos muñequitos de madera. Aqui fueron especialmente insistentes, dejándonos los muñecos en las manos aunque no los quisiéramos y pidiéndonos el dinero de forma desesperada. Aproveché para darles unos caramelos a unas niñas, aunque no se si fue buena idea ya que luego se pelearon por ellos y nos estuvieron siguiendo constantemente.

Paseamos por el poblado siguiendo a Shayed hasta llegar a un mercadillo en el cual nos dejó y nos dijo que nos esperaba al otro lado del mismo en media hora para regresar al barco. Nosotros atravesamos el mercado esquivando de nuevo a los insistentes vendedores. Yo intenté comprar tabaco ya que se me había terminado. El Marlboro estaba a 1 euro el paquete, sin embargo a mi me apetecía probar tabaco de allí, por lo que le pedí al vendedor ambulante que me diese un paquete de Cleopatra. El hombre logró hacerme el lío hablandome primero en Libras Egipcias, luego en Euros, luego ofreciéndome un 2×1, luego no… total que al final acabé comprando el paquete de Cleopatra por 1 Euro (lo que valía el Marlboro) además al pagarle me dijo que no tenía cambio y en lugar de devolverme me dio otro paquete de tabaco…. en fin. Creía haber hecho buen negocio hasta que llegue al barco y lo pensé y me dije: «coño, ¡me la ha colado!». Son unos grandes mercaderes los Egipcios. Llevan toda la vida siéndolo.

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Llegamos a la faluca donde nos esperaba el guía, el cual se sorprendió (y seguramente molestó ya que llevaba comisión) de ver que habíamos llegado tan pronto y no en media hora como nos había dicho. Subimos a la barca y zarpamos de regreso a nuestra nave. Al dejar atrás el poblado se podía ver a dos niños jugando con la arena. Foto obligada y escenario quizás preparado. Mi pareja Cristina, me comentó que quería adoptar a una de las niñas, aquella imagen la enterneció.

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De vuelta, la mayoría subimos al techo de la faluca a aprovechar la brisa que el Nilo nos brindaba al atardecer, ya con mucho menos calor. Una sensación muy placentera.

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Arrivamos a nuestro Barco-Hotel donde pudimos descansar y tomar la cena compuesta de: pollo, arroz y unos dulces exquisitos de postre (la famosa repostería árabe nunca decepciona). Había que descansar mucho ya que a las 4 de la madrugada saliamos hacia… ¡¡¡Abu Simbel!!! (los que lo habíamos contratado, porque no era nada barato). Era una de las ilusiones de mi vida. Desde que estudié Historia en el colegio siempre quise visitar este templo. Antes de ir a la cama subimos a inspeccionar la cubierta del barco. Había unas tumbonas que seguro en días sucesivos aprovecharíamos, así como una piscinita.

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